Si existiera el manual perfecto para ganar elecciones, debería incluir un punto esencial: no enfurezcas al colectivo que vota con más intensidad. En Estados Unidos y en la mayoría de los países occidentales, ese grupo está formado por las personas mayores de 65 años. 

 

Los ancianos votan mucho y con la edad han desarrollado la capacidad para votar a favor de partidos y candidatos que no les convencen demasiado. Lo importante es que no les avergüencen. En estos tiempos de pandemia, no carece de importancia que sospechen que un candidato está poniendo en peligro su vida. Eso es lo que piensan muchos jubilados en EEUU en relación a Donald Trump.

 

El último candidato demócrata que ganó el voto de los jubilados en unas elecciones presidenciales fue Al Gore en el año 2000. Aprovechó con habilidad algunos proyectos republicanos de recorte del programa Medicare que facilita asistencia sanitaria a los mayores. Desde entonces, hay una brecha generacional en EEUU por la que los menores de 45 años tienden a votar a los demócratas en mayor número, mientras que los republicanos se hacen fuertes a partir de esa edad, y en especial desde los 65 años.

 

Los norteamericanos nacidos en los años 50 o que se hicieron adultos en esa época bajo la presidencia de Eisenhower –durante la Guerra Fría y en una época de bonanza económica y sin grandes tensiones sociales– han resultado ser más conservadores que sus padres.

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