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    Gestión del agua y crecimiento urbano en las principales ciudades del país

    Reflexión sobre la escasez hídrica, la planeación urbana y el papel de los gobiernos locales en la sostenibilidad de las zonas metropolitanas.

    Patricia Ortega Luna

    Por Patricia Ortega Luna

    11 de enero de 2026

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    Gestión del agua y crecimiento urbano en las principales ciudades del país
    Imagen ilustrativa. México Pública / Archivo

    El agua es el recurso más crítico para el futuro de las ciudades mexicanas. En un país donde más del 75% de la población vive en zonas urbanas, la disponibilidad, calidad y distribución del agua determinan no solo la viabilidad de las actividades económicas, sino la calidad de vida de millones de personas. Sin embargo, las principales ciudades del país enfrentan una crisis hídrica que combina escasez física, infraestructura deteriorada, gestión deficiente y los efectos crecientes del cambio climático.

    Un recurso bajo presión extrema

    La Zona Metropolitana del Valle de México, donde habitan más de 22 millones de personas, ejemplifica dramáticamente esta crisis. La ciudad se asienta sobre lo que fueron lagos y humedales, hoy desecados. El acuífero subterráneo del que depende gran parte del suministro está sobreexplotado: se extrae más del doble de agua de la que naturalmente se recarga. El resultado es un hundimiento del terreno que en algunas zonas supera los 40 centímetros anuales, dañando infraestructura y aumentando el riesgo de inundaciones.

    Para compensar la extracción excesiva del acuífero, la ciudad importa agua desde cuencas distantes. El Sistema Cutzamala bombea agua desde presas ubicadas a más de 100 kilómetros, elevándola más de 1,000 metros de altitud. Es una de las obras de ingeniería hidráulica más complejas del mundo, pero opera cerca de su capacidad máxima y depende de lluvias cada vez más erráticas.

    Monterrey enfrentó en 2022 la peor crisis de abasto de agua en su historia. Las presas que abastecen a la zona metropolitana se vaciaron hasta niveles críticos, obligando a racionamientos severos que afectaron a millones de habitantes durante meses. La crisis evidenció la vulnerabilidad de una ciudad industrial en expansión que ha superado la capacidad de sus fuentes de agua tradicionales.

    Guadalajara, la segunda ciudad más poblada del país, experimenta presiones similares. El Lago de Chapala, del que depende parcialmente para su abasto, ha sufrido reducciones de nivel que amenazan su viabilidad como fuente a largo plazo. Los acuíferos locales muestran signos de sobreexplotación.

    Las causas estructurales de la crisis

    La crisis hídrica urbana tiene causas múltiples e interconectadas. El crecimiento urbano acelerado y desordenado es un factor fundamental. Las ciudades mexicanas se han expandido sin planeación integral, invadiendo zonas de recarga de acuíferos, impermeabilizando superficies que antes permitían la infiltración del agua de lluvia, y generando demandas que superan la capacidad de los sistemas de abasto existentes.

    La gestión fragmentada del agua contribuye al problema. En una misma zona metropolitana coexisten múltiples organismos operadores, con criterios técnicos y políticas tarifarias distintas. La coordinación entre municipios es limitada. Las decisiones sobre uso de suelo —que determinan dónde y cómo crecen las ciudades— frecuentemente se toman sin considerar las implicaciones hídricas.

    Las pérdidas en la red de distribución son enormes. Se estima que en promedio, entre 40% y 50% del agua que entra a los sistemas de distribución urbana se pierde por fugas antes de llegar a los usuarios. Redes obsoletas, mantenimiento insuficiente y falta de inversión explican este desperdicio monumental.

    La inequidad en el acceso es otra dimensión del problema. Mientras colonias de altos ingresos reciben agua de calidad las 24 horas, asentamientos populares en las periferias urbanas enfrentan tandeos severos, reciben agua por pocas horas a la semana, o dependen de pipas a precios muy superiores a los de la red pública.

    El papel de los gobiernos locales

    La gestión del agua en México es responsabilidad compartida entre niveles de gobierno, pero los municipios y organismos operadores locales tienen un rol central en el abasto urbano. Sin embargo, muchos organismos operadores enfrentan limitaciones severas: falta de autonomía técnica y financiera, interferencia política en decisiones operativas, tarifas que no cubren los costos reales del servicio, y carencia de personal calificado.

    Algunos casos muestran que es posible mejorar la gestión local del agua. Organismos operadores en ciudades medianas han logrado reducir pérdidas físicas, mejorar la recaudación, y ampliar la cobertura del servicio mediante reformas institucionales y técnicas. Pero estos éxitos son excepciones en un panorama nacional de rezago.

    Los gobiernos estatales tienen responsabilidades en la regulación y apoyo a los organismos operadores municipales, pero frecuentemente carecen de las capacidades o la voluntad para ejercerlas efectivamente. La federación define políticas nacionales del agua y administra las grandes obras de infraestructura hidráulica, pero la articulación con los niveles locales es débil.

    Planeación urbana y agua: la conexión olvidada

    Una de las fallas más graves en la gestión urbana mexicana es la desconexión entre la planeación del crecimiento urbano y la disponibilidad de agua. Los planes de desarrollo urbano rara vez incorporan análisis serios sobre las fuentes de agua que abastecerán a las nuevas zonas habitacionales e industriales. Se autorizan desarrollos inmobiliarios sin garantizar el suministro hídrico sostenible.

    El resultado es que las ciudades crecen generando una demanda de agua que luego debe satisfacerse improvisadamente, mediante perforación de pozos que profundizan la sobreexplotación de acuíferos, o mediante obras de trasvase cada vez más costosas y distantes.

    Revertir esta lógica requiere integrar la variable hídrica en la planeación territorial. Esto significa establecer límites al crecimiento en zonas sin disponibilidad de agua, condicionar las autorizaciones de desarrollos a garantías de suministro sostenible, y proteger las zonas de recarga de acuíferos de la urbanización.

    Infraestructura verde y gestión de agua de lluvia

    Una alternativa promisoria a la lógica tradicional de grandes obras hidráulicas es la infraestructura verde: estrategias que aprovechan procesos naturales para gestionar el agua en las ciudades. Techos y jardines que captan agua de lluvia, pavimentos permeables que permiten la infiltración, parques y humedales urbanos que retienen escurrimientos, sistemas de captación pluvial en edificios.

    Estas soluciones tienen beneficios múltiples: reducen la demanda de agua potable, disminuyen las inundaciones urbanas, mejoran la recarga de acuíferos, y generan espacios verdes que mejoran la calidad de vida. Varias ciudades del mundo han adoptado enfoques de "ciudades esponja" que integran sistemáticamente la infraestructura verde en la planeación urbana.

    En México, las experiencias son aún incipientes pero crecientes. Programas de captación de agua de lluvia, proyectos piloto de pavimentos permeables, iniciativas ciudadanas de azoteas verdes, y algunos parques urbanos diseñados para gestionar escurrimientos muestran el potencial de estos enfoques. Escalarlos requiere cambios en la normatividad, incentivos económicos y capacidades técnicas que aún están en construcción.

    Tarifas, eficiencia y equidad

    Las tarifas del agua son un tema políticamente sensible pero ineludible. En muchas ciudades mexicanas, las tarifas son demasiado bajas para cubrir los costos reales del servicio, incluyendo operación, mantenimiento e inversión en infraestructura. Esto genera un círculo vicioso donde los organismos operadores carecen de recursos, la calidad del servicio se deteriora, y los usuarios pierden disposición a pagar.

    Reformar las tarifas es necesario pero debe hacerse con criterios de equidad. Esquemas progresivos que cobren más a quienes más consumen, subsidios focalizados para usuarios de bajos ingresos, y tarifas que reflejen los costos reales para grandes consumidores comerciales e industriales son opciones que pueden combinar eficiencia y justicia social.

    La medición universal del consumo es condición para cualquier política tarifaria racional, pero muchas ciudades aún tienen proporciones significativas de usuarios sin medidor o con medidores obsoletos.

    Perspectivas: ¿es posible revertir la crisis?

    La crisis hídrica urbana en México es severa, pero no es irreversible. Países con condiciones naturales más adversas han logrado gestionar el agua de manera sostenible mediante políticas integrales de largo plazo.

    Lo que se requiere es voluntad política sostenida, inversión significativa en infraestructura y mantenimiento, reformas institucionales que fortalezcan a los organismos operadores, integración de la variable hídrica en la planeación territorial, adopción de tecnologías y prácticas de eficiencia, y cambios culturales en los patrones de consumo.

    El agua no es un tema técnico aislado: es un eje transversal que conecta con la vivienda, el transporte, la economía, la salud y el medio ambiente. Abordar la crisis hídrica requiere una visión integral de las ciudades que queremos construir y legar a las siguientes generaciones.

    Por Patricia Ortega Luna

    11 de enero de 2026

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