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    El papel de los gobiernos estatales en el desarrollo económico de México

    Análisis de cómo los estados están ajustando sus estrategias económicas ante cambios en la política federal, el fenómeno del nearshoring y la inversión en infraestructura.

    Carlos Mendoza Reyes

    Por Carlos Mendoza Reyes

    14 de enero de 2026

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    El papel de los gobiernos estatales en el desarrollo económico de México
    Imagen ilustrativa. México Pública / Archivo

    El desarrollo económico en México históricamente se ha diseñado y ejecutado desde el centro. Las grandes decisiones de política industrial, fiscal y comercial se tomaban en la Ciudad de México, y los estados actuaban como ejecutores de directrices federales. Sin embargo, este modelo ha experimentado transformaciones significativas en los últimos años, impulsadas tanto por cambios en la política federal como por dinámicas económicas globales que han reposicionado a las entidades federativas como actores clave del desarrollo.

    El nuevo protagonismo estatal

    La descentralización de facto que ha ocurrido en materia económica no responde a una reforma constitucional ni a una redistribución formal de competencias. Se trata, más bien, de una respuesta pragmática de los gobiernos estatales ante un contexto cambiante. La reducción de programas federales intermediados, la concentración de recursos en transferencias directas y la disminución de fondos para proyectos de infraestructura local han obligado a los estados a buscar sus propias fuentes de crecimiento.

    En este contexto, los gobiernos estatales han asumido un rol más activo en la atracción de inversiones, la promoción económica internacional y el diseño de políticas de competitividad regional. Estados como Nuevo León, Jalisco, Querétaro y Guanajuato han desarrollado estrategias sofisticadas de vinculación con empresas globales, estableciendo oficinas de representación en el extranjero y negociando directamente con corporativos internacionales.

    El fenómeno del nearshoring y las estrategias estatales

    El nearshoring —la relocalización de cadenas productivas hacia México desde Asia— ha generado una competencia intensa entre estados por captar las inversiones derivadas de este fenómeno. Las empresas que buscan establecerse en México evalúan no solo las condiciones macroeconómicas nacionales, sino fundamentalmente las capacidades locales: disponibilidad de mano de obra calificada, infraestructura logística, certidumbre jurídica estatal, incentivos fiscales locales y calidad de vida para ejecutivos expatriados.

    Los estados del norte han llevado la delantera en esta competencia. Nuevo León, con su tradición industrial y su cercanía a Texas, ha captado inversiones significativas en los sectores automotriz y de electrodomésticos. Chihuahua y Coahuila han consolidado sus clusters de manufactura avanzada. Baja California aprovecha su integración con la economía californiana.

    Pero el nearshoring también ha llegado al centro del país. Querétaro se ha posicionado como hub aeroespacial. Aguascalientes y San Luis Potosí han atraído plantas automotrices. Jalisco ha desarrollado un ecosistema de tecnología y manufactura electrónica que compite con los estados fronterizos.

    Infraestructura: el cuello de botella

    El auge del nearshoring ha puesto en evidencia las limitaciones de la infraestructura en muchas regiones. La demanda de parques industriales supera la oferta disponible. Las carreteras y puertos enfrentan cuellos de botella. El suministro eléctrico y de agua se ha convertido en un factor crítico de decisión para los inversionistas.

    Ante la reducción de inversión federal en infraestructura, los estados han buscado alternativas. Algunos han recurrido a esquemas de asociación público-privada para desarrollar parques industriales y vialidades. Otros han negociado directamente con la Comisión Federal de Electricidad garantías de suministro para zonas industriales. La gestión del agua se ha convertido en una prioridad estratégica, particularmente en regiones áridas del norte donde la escasez hídrica amenaza la viabilidad de nuevos proyectos.

    Política fiscal y competencia entre estados

    Los incentivos fiscales estatales se han multiplicado como herramienta de atracción de inversiones. Exenciones temporales de impuestos sobre nómina, descuentos en derechos de registro, subsidios para capacitación y apoyos para la adquisición de terrenos forman parte del menú de opciones que los estados ofrecen a los inversionistas.

    Esta competencia ha generado debates sobre sus efectos. Por un lado, los incentivos pueden ser necesarios para compensar desventajas locacionales y hacer competitivos a estados que de otra manera no atraerían inversiones. Por otro lado, existe el riesgo de una "carrera hacia abajo" en la que los estados sacrifiquen recursos fiscales necesarios para financiar servicios públicos.

    La coordinación entre estados es prácticamente inexistente en esta materia. Cada entidad diseña sus propios esquemas de incentivos, generando una competencia que en ocasiones beneficia más a las empresas que a las comunidades receptoras de las inversiones.

    Capital humano: el factor diferenciador

    En un entorno donde la infraestructura física puede desarrollarse y los incentivos fiscales pueden igualarse, el capital humano se ha convertido en el principal factor de diferenciación entre estados. Las empresas de alta tecnología y manufactura avanzada requieren trabajadores con competencias técnicas específicas que no siempre están disponibles en el mercado laboral local.

    Los estados más exitosos en atracción de inversiones han desarrollado estrategias de vinculación entre el sector educativo y el productivo. Universidades tecnológicas y politécnicas adaptan sus programas de estudio a las necesidades de las industrias locales. Centros de capacitación especializados ofrecen formación en competencias específicas. Programas de certificación de habilidades facilitan la movilidad laboral.

    Sin embargo, la formación de capital humano es un proceso de largo plazo que no puede improvisarse ante una oleada de inversiones. Los estados que han construido ecosistemas educativos sólidos a lo largo de décadas están mejor posicionados para captar las oportunidades del nearshoring.

    Desigualdades regionales: el riesgo de profundización

    El dinamismo económico impulsado por el nearshoring ha sido territorialmente concentrado. Mientras estados del norte y del centro captan inversiones récord, las entidades del sur —Chiapas, Oaxaca, Guerrero— permanecen al margen de este fenómeno. La brecha de desarrollo entre regiones, lejos de reducirse, podría ampliarse.

    Esta situación plantea interrogantes sobre el modelo de desarrollo que está emergiendo. ¿Es sostenible un crecimiento tan geográficamente desigual? ¿Qué políticas compensatorias se requieren para evitar que el sur quede definitivamente rezagado? ¿Cuál es la responsabilidad del gobierno federal en garantizar un desarrollo territorial más equilibrado?

    Algunos analistas argumentan que la concentración inicial de inversiones en ciertas regiones es inevitable y que, con el tiempo, los beneficios se difundirán hacia otras zonas. Otros señalan que sin políticas activas de desarrollo regional, las desigualdades tienden a perpetuarse y profundizarse.

    El papel de la coordinación intergubernamental

    En un contexto donde los estados asumen mayor protagonismo económico, la coordinación entre niveles de gobierno se vuelve crucial. Temas como la política energética, la gestión del agua, el desarrollo de infraestructura carretera y portuaria, y la formación de capital humano requieren articulación entre municipios, estados y federación.

    Sin embargo, los mecanismos de coordinación intergubernamental en México son débiles. Las conferencias de gobernadores y los consejos de desarrollo regional tienen capacidades limitadas. La rivalidad política entre partidos gobernantes en diferentes niveles de gobierno dificulta la colaboración.

    Fortalecer estos mecanismos de coordinación es una tarea pendiente que condicionará la capacidad del país para aprovechar plenamente las oportunidades del nuevo contexto económico global.

    Perspectivas

    El rol de los gobiernos estatales en el desarrollo económico de México seguirá expandiéndose en los próximos años. Las tendencias globales de relocalización productiva, la creciente importancia de factores locales de competitividad y los cambios en la política federal apuntan en esa dirección.

    El éxito de esta transición dependerá de la capacidad de los estados para desarrollar estrategias económicas coherentes, invertir en capital humano e infraestructura, y establecer mecanismos efectivos de coordinación con otros niveles de gobierno.

    México enfrenta una oportunidad histórica de transformar su estructura productiva y acelerar su desarrollo. Que esta oportunidad se traduzca en bienestar compartido para todas las regiones del país dependerá, en buena medida, de las decisiones que tomen los gobiernos estatales en los próximos años.

    Por Carlos Mendoza Reyes

    14 de enero de 2026

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