Retos de la formalización laboral tras los recientes aumentos al salario mínimo
Revisión del impacto de la política salarial en el empleo informal, las pequeñas empresas y los mercados laborales regionales.

13 de enero de 2026

La política de incrementos sostenidos al salario mínimo ha sido una de las transformaciones más significativas del mercado laboral mexicano en los últimos años. Lo que comenzó como una reivindicación de activistas y académicos —recuperar el poder adquisitivo de un salario mínimo que durante décadas había perdido valor real— se convirtió en política gubernamental y ha tenido efectos profundos en la estructura del empleo en el país.
Sin embargo, los aumentos al salario mínimo no operan en el vacío. Interactúan con otras dinámicas del mercado laboral mexicano, particularmente con el fenómeno de la informalidad, que sigue siendo el talón de Aquiles del sistema de empleo nacional. Analizar los retos de la formalización laboral en este nuevo contexto salarial es fundamental para entender hacia dónde se dirige el mundo del trabajo en México.
El contexto: una política salarial transformadora
Entre 2019 y 2026, el salario mínimo en México ha experimentado incrementos acumulados que superan el 100% en términos reales. De ser uno de los más bajos de América Latina, pasó a ubicarse en niveles comparables a los de países con ingreso similar. Este cambio ha tenido efectos directos en millones de trabajadores que perciben el mínimo legal, pero también ha generado un "efecto faro" que ha impulsado hacia arriba los salarios en general.
Los defensores de esta política señalan sus beneficios evidentes: mejora del poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos, reducción de la desigualdad salarial, estímulo al consumo interno. Los estudios empíricos disponibles sugieren que, hasta ahora, los incrementos no han tenido efectos negativos significativos en el empleo formal.
No obstante, la interacción entre la política salarial y la informalidad laboral plantea interrogantes que merecen análisis más detallado.
Informalidad: el elefante en la habitación
Aproximadamente el 55% de la población ocupada en México trabaja en condiciones de informalidad. Esto significa que más de 30 millones de personas laboran sin contrato escrito, sin acceso a seguridad social, sin prestaciones de ley, y frecuentemente sin estabilidad ni certeza sobre sus ingresos.
La informalidad no es homogénea. Incluye desde el vendedor ambulante que trabaja por cuenta propia hasta el empleado de una pequeña empresa que no está registrado ante el IMSS. Incluye trabajadores del hogar, jornaleros agrícolas, comerciantes de tianguis, artesanos, y millones de personas que realizan actividades económicas fuera del radar del sistema formal.
¿Cómo interactúan los aumentos al salario mínimo con este vasto sector informal?
Incentivos contradictorios
En teoría, un salario mínimo más alto podría incentivar la formalización: si los trabajos formales pagan significativamente mejor que los informales, más personas buscarán empleos formales y más empresas tendrán incentivos para operar en la legalidad.
Pero la realidad es más compleja. Para muchas micro y pequeñas empresas, los costos de la formalidad van más allá del salario. Incluyen cargas sociales, obligaciones fiscales, regulaciones laborales, y costos administrativos que pueden representar entre 30% y 50% adicional sobre el salario bruto. Cuando el salario mínimo aumenta, estos costos también se incrementan proporcionalmente.
Para algunas empresas marginales, el aumento del salario mínimo puede significar la diferencia entre operar formalmente o refugiarse en la informalidad. No es que estas empresas paguen menos a sus trabajadores; simplemente optan por no registrarlos para evitar los costos asociados a la formalidad.
Efectos diferenciados por región
El impacto de los aumentos al salario mínimo varía significativamente entre regiones. En estados del norte con mercados laborales dinámicos, alto costo de vida y presencia de empresas grandes, el salario mínimo sigue siendo un piso lejano de lo que realmente se paga. El efecto del aumento es relativamente menor.
En contraste, en estados del sur con economías menos diversificadas, predominio de actividades agrícolas y comerciales de pequeña escala, y menor costo de vida, el salario mínimo representa una proporción mayor de los salarios de mercado. Aquí, los aumentos tienen un impacto más directo y potencialmente más disruptivo.
Oaxaca, Chiapas, Guerrero y otras entidades del sur presentan tasas de informalidad superiores al 70%. En estos mercados laborales, la capacidad de absorber aumentos significativos del salario mínimo formal es limitada. El riesgo de que los ajustes salariales se traduzcan en mayor informalidad, en lugar de mejores condiciones para los trabajadores, es real.
El sector de las micro y pequeñas empresas
Las microempresas —aquellas con menos de 10 empleados— representan más del 95% de las unidades económicas en México. Muchas de ellas operan con márgenes estrechos, en sectores de baja productividad, con limitado acceso a crédito y tecnología. Para estas empresas, los costos laborales representan una proporción alta de sus gastos totales.
Los aumentos al salario mínimo afectan desproporcionadamente a este segmento. Mientras las grandes empresas pueden absorber incrementos salariales mediante ganancias de productividad, automatización o ajustes de precios, las microempresas tienen menor margen de maniobra.
Algunas respuestas observadas incluyen: reducción de personal, incremento de precios, sustitución de trabajadores por familiares no remunerados, y migración hacia la informalidad. No existe evidencia sistemática de que estos efectos hayan sido masivos, pero reportes cualitativos y análisis sectoriales sugieren que son reales en ciertos segmentos.
Políticas complementarias necesarias
La lección que emerge de este análisis es que la política de salario mínimo, por sí sola, no puede resolver los problemas estructurales del mercado laboral mexicano. Se requieren políticas complementarias que aborden las causas profundas de la informalidad.
Entre ellas destacan:
La simplificación de trámites para la formalización de micro y pequeñas empresas. Los costos administrativos y burocráticos de operar formalmente siguen siendo altos y disuaden a muchos emprendedores.
Esquemas de seguridad social más flexibles y accesibles, que permitan a trabajadores independientes y de pequeñas empresas acceder a protección sin los costos actuales.
Programas de apoyo a la productividad de micro y pequeñas empresas, incluyendo acceso a crédito, capacitación y tecnología, que les permitan absorber costos laborales más altos.
Políticas diferenciadas por región que reconozcan las distintas realidades de los mercados laborales locales, sin renunciar al objetivo de mejorar las condiciones de los trabajadores en todo el país.
El debate pendiente
El debate sobre salario mínimo e informalidad no debe plantearse como una disyuntiva entre mejorar los ingresos de los trabajadores o combatir la informalidad. Ambos objetivos son legítimos y, en última instancia, complementarios. Un mercado laboral más formal es condición para que más trabajadores accedan a salarios dignos y protección social. Diversos medios de información sobre temas económicos y laborales documentan estas discusiones y ofrecen perspectivas sobre las implicaciones para trabajadores y empleadores.
La cuestión es cómo calibrar las políticas para avanzar en ambos frentes simultáneamente. Esto requiere análisis riguroso, flexibilidad para ajustar políticas según evidencia, y disposición para implementar medidas complementarias que aborden las causas estructurales de la informalidad.
México ha dado pasos importantes hacia un mercado laboral más justo. Consolidar estos avances requerirá una visión integral que combine política salarial con políticas de formalización, productividad y protección social.
13 de enero de 2026




