Salud en las periferias urbanas: los olvidados del sistema
Los habitantes de las zonas periféricas de las grandes ciudades enfrentan barreras críticas para acceder a servicios de salud de calidad.

12 de enero de 2026

Las periferias de las grandes ciudades mexicanas albergan a millones de personas en condiciones de salud precarias. Alejados de los centros urbanos donde se concentran hospitales y especialistas, carentes de transporte eficiente y frecuentemente sin cobertura de seguridad social, los habitantes de estas zonas enfrentan una realidad sanitaria que las estadísticas nacionales apenas reflejan.
La geografía de la desigualdad en salud
La distribución de la infraestructura de salud en las ciudades mexicanas refleja y refuerza desigualdades socioeconómicas. Los hospitales de especialidades, los centros de diagnóstico avanzado y los consultorios de médicos especialistas se concentran en zonas céntricas o en colonias de ingresos medios y altos.
Las periferias, donde vive una proporción creciente de la población urbana, cuentan principalmente con centros de salud de primer nivel: consultorios con capacidad limitada, horarios restringidos y frecuente desabasto de medicamentos. Cuando una emergencia o una enfermedad compleja requiere atención especializada, los habitantes de estas zonas deben trasladarse largas distancias.
El costo del acceso
El acceso a la salud tiene costos directos e indirectos que afectan desproporcionadamente a quienes viven en las periferias. Los costos directos incluyen el pago de consultas, estudios y medicamentos cuando el sistema público no los provee. Para familias de bajos ingresos, estos gastos pueden ser catastróficos.
Los costos indirectos son igualmente significativos. El tiempo dedicado a trasladarse hacia servicios de salud distantes implica pérdida de jornadas laborales, ingreso no percibido. Para trabajadores informales sin prestaciones, faltar al trabajo por enfermedad —propia o de un familiar— significa no comer ese día.
Las mujeres enfrentan cargas particulares. Como principales cuidadoras, son quienes acompañan a niños y adultos mayores a consultas médicas. Este trabajo de cuidado invisibilizado consume tiempo y energía que podría destinarse a actividades remuneradas o al descanso.
Atención materna en riesgo
La atención al embarazo y parto ilustra las disparidades en salud periurbana. Aunque las muertes maternas se han reducido a nivel nacional, las zonas marginadas de las periferias urbanas mantienen tasas superiores al promedio.
Los centros de salud de primer nivel no están equipados para atender partos complicados. Cuando una emergencia obstétrica ocurre en la madrugada, en una zona periférica alejada de hospitales con servicios de obstetricia, el traslado puede tardar horas críticas.
Programas de tamizaje prenatal, detección de embarazos de alto riesgo y referencias oportunas buscan mitigar estos riesgos. Sin embargo, la infraestructura insuficiente y las barreras de acceso siguen cobrando vidas evitables.
Enfermedades crónicas sin control
El perfil epidemiológico de México ha cambiado. Las enfermedades crónicas —diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares— son ahora las principales causas de muerte y discapacidad. Controlar estas condiciones requiere atención continua, medicamentos permanentes y cambios de estilo de vida.
Para los habitantes de las periferias, el control de enfermedades crónicas es especialmente difícil. Las consultas de seguimiento implican traslados costosos. Los medicamentos frecuentemente no están disponibles en los centros de salud locales y deben comprarse en farmacias privadas. Las condiciones de vida —alimentación, estrés, contaminación— dificultan los cambios de estilo de vida recomendados.
Las complicaciones de enfermedades crónicas no controladas —amputaciones por diabetes, insuficiencia renal, infartos— son más frecuentes en poblaciones marginadas. Estas complicaciones generan discapacidad, dependencia y empobrecimiento.
Salud mental en los márgenes
La salud mental en las periferias urbanas enfrenta carencias aún más agudas. Si en las zonas centrales los servicios de atención psicológica y psiquiátrica son insuficientes, en las periferias son prácticamente inexistentes.
El estrés asociado a la precariedad, la violencia, los largos traslados y la incertidumbre económica afecta la salud mental de los habitantes de estas zonas. Sin embargo, el estigma asociado a los padecimientos mentales y la ausencia de servicios accesibles mantienen estos problemas invisibles y sin atención.
Respuestas desde la comunidad
Ante las fallas del sistema formal, las comunidades periféricas desarrollan respuestas propias. Redes de apoyo vecinal, prácticas de medicina tradicional, automedicación informada y solidaridad en emergencias suplen parcialmente las carencias institucionales.
Organizaciones comunitarias de salud, promotoras de salud formadas localmente y brigadas de atención primaria representan esfuerzos por acercar servicios a las poblaciones marginadas. Plataformas de información comunitaria difunden recursos y orientación para quienes enfrentan estas barreras de acceso. Estas iniciativas, aunque valiosas, enfrentan limitaciones de recursos y sostenibilidad.
Telemedicina: promesa y limitaciones
La telemedicina ha emergido como alternativa para acercar atención especializada a zonas remotas. Consultas por videollamada, diagnóstico asistido por inteligencia artificial y monitoreo remoto de pacientes crónicos ofrecen posibilidades interesantes.
Sin embargo, las barreras de conectividad, alfabetización digital y confianza limitan el alcance de estas soluciones en las periferias más marginadas. La telemedicina puede complementar pero no sustituir la necesidad de infraestructura física cercana a las comunidades.
Hacia la equidad territorial en salud
Cerrar las brechas de salud entre el centro y las periferias requiere inversión sostenida. Construir y equipar centros de salud en zonas desatendidas, garantizar abasto de medicamentos, formar y retener personal de salud en estas comunidades son necesidades evidentes.
Más allá de la infraestructura, se requieren modelos de atención adaptados a las realidades periurbanas. Horarios flexibles para trabajadores con jornadas largas. Atención integrada que no fragmente a las personas en especialidades inalcanzables. Promoción de la salud que reconozca las condiciones estructurales que enferman.
Conclusión
La salud de las periferias urbanas es un espejo de las desigualdades que atraviesan a la sociedad mexicana. Mientras el derecho a la salud siga siendo, en la práctica, un privilegio geográfico, la promesa constitucional de protección a la salud permanecerá incumplida para millones.
Transformar esta realidad requiere voluntad política, recursos y un cambio de perspectiva que coloque a las poblaciones marginadas en el centro de las prioridades sanitarias.
12 de enero de 2026





